El de la mula torda

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viernes, 27 de febrero de 2015

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jueves, 26 de febrero de 2015

El Barón de Budberg


El embajador de Rusia llevando las credenciales, el 1/10/1909
 Hoy me ha llegado un comunicado de David Butler, un gran conocedor e historiador con todo lo relacionado con el "Cementerio Británico de Madrid", en el que me comenta que el 10 de marzo a las 13:15, se realizara en dicho sitio un homenaje al Barón Budlberg, enterrado en este cementerio, con motivo del 99 aniversario de su muerte. Por este motivo la Iglesia Rusa en Madrid ha realizado una restauración de la sepultura.
Las relaciones hispano-rusas se remontan al siglo XVII, el periodo más álgido es cuando el Zar Pedro El Grande intenta modernizar Rusia. Estamos en la época del Despotismo Ilustrado. Pedro, envió a varios hijos de nobles rusos a estudiar a Cádiz, en la Real Compañía de Guardias marinas. Entre las modernidades que pretendía el Zar era hacer de Rusia una potencia marítima. Estas relaciones eran patentes con la imposición de medallas rusas a españoles. pasan los años y las relaciones hispano-rusas aumentan en 1812, como consecuencia de un enemigo común, Napoleón.Estas relaciones se mantienen hasta la revolución comunista del 1917. Durante el periodo republicano español, del 33 al 39, las relaciones vuelven a la normalidad, quedando establecidas a partir de 1977.
Pero volvamos al inicio de esta entrada, el embajador, fallecía el martes 7 de marzo de 1916, la causa fue una pulmonía. ¡Quién lo diría! un ruso acostumbrado al frío, pero tal vez el origen de la enfermedad tuviera que ver con el refrán madrileño, "el aire de Madrid, que mata a un hombre y no apaga un candil". Sea como sea, Budberg, falleció al poco tiempo. Fue nombrado embajador extraordinario y plenipotenciario, en  1909, de Su Majestad Imperial el Zar Nicolás II, Emperador y Autócrata de todas las Rusias, excelentísimo señor Fyodor Andréyevich Budberg (o Fedor Pavel Andrei Andreyevich von Budberg, llamado en España Barón Teodoro de Budberg). Descendiente de la ilustre y antigua familia de los Budberg de Boeninghausen (Westfalia), radicados en la Curlandia rusa desde la Edad Media, el diplomático, nacido en 1851, había sido antes consejero imperial y embajador en Estocolmo. Era soltero y no tenía parientes cercanos en España.
Es lo que llamará nuestro conocedor del Cementerio Británico, David Butler, una "tumba huérfana".
Al anunciarse el fallecimiento, acudieron a la Embajada Rusa, las autoridades siguientes, un representante del rey de España Alfonso XIII, el presidente del Consejo de Ministros Conde de Romanones, el Cuerpo Diplomático acreditado en Madrid. El ministro de la Guerra, envió a la Embajada de Rusia, un destacamento del Regimiento de Lanceros de Farnesio, ya que el Zar era coronel honorífico desde 1908. Los soldados velaron el cadáver e hicieron guardia de honor en la embajada.
El protocolo de la corte española de la época establecía que cuando fallecía un embajador residente el entierro y funerales tuviesen carácter de duelo oficial. Tan importante fue el óbito que la Gaceta de Madrid, publicó el 9 de marzo, un Real Decreto disponiendo que al difunto se le rindiesen honores fúnebres de Capitán General del Ejercito, que muere en plaza con mando de Jefe.
El periódico ABC del 11 de marzo de 1916, se hacía eco de la noticia.

Por la tarde lluviosa del viernes 10 de marzo, los restos del embajador fueron llevados a enterrar acompañados de una comitiva militar formada por un piquete de la Guardia Civil, cuatro piezas de artillería del Quinto Regimiento Montado de Artillería, un batallón del Regimiento Inmemorial del Rey y el féretro sobre un armón de artillería custodiado por un zaguanete de Reales Guardias Alabarderos, una sección del Escuadrón de la Escolta Real, seguida del Capitán General de Madrid y cerrando la comitiva una sección de Lanceros de Farnesio. Todas las tropas con uniforme de lujo, la gala la presidió, en representación del Rey de España, S.A.R. el Infante D. Carlos de Borbón, le acompañaban el encargado de negocios ruso, el primer secretario señor Georges Solovieff y el cónsul general ruso en Barcelona príncipe Gagarin, a quienes seguían el presidente del Consejo de Ministros y los ministros de Guerra y de Hacienda, los jefes superiores de Palacio, y los embajadores de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, con otros muchos representantes diplomáticos, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Madrid, la colonia rusa y varias comisiones del Ejército, Armada, Tribunal de las Órdenes, las cuatro Órdenes Militares, Tribunal de Cuentas, Consejo Supremo de Guerra y Marina, Tribunal Supremo, Consejo de Estado, Ministerio de Estado, Senado y Congreso, etc.
 La comitiva fue desde la sede de la Embajada Rusa, paseo de la Castellana 34, actual edificio del ABC, hasta la intersección con Claudio Moyano.  El duelo se despidió en las puertas del Real Jardín Botánico, tras los disparos de salvas y el desfile de tropas.
El féretro sobre el armón y la escolta militar continuaron hasta el Cementerio Británico, donde se dio cristiana sepultura a los restos del infortunado embajador Barón de Budberg.
El Zar agradeció las muestras de respeto y la cortesía de España hacia el embajador de su Imperio y concedió varias condecoraciones imperiales a miembros de la sociedad española.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Calle de Tudescos.



Recuerdo aqueños años, en que se emitían por TV y en blaco y negro, la serie de Alfred Hitchcock. El director aparecía en su casa en una escena de lo más cotidiana, en pijama. tomando una infusión y viendo la televisión. En estos momentos sonaba la sintonía de la serie y al poco nos comentaba lo que veríamos. Quién me iba a decir qué esta era mi primera relación con Gounod. El director de cine tomó y popularizó la composición Marche funebre d’une marionette, marcha fúnebre por una marioneta, en la cabecera de su programa.
Lo que nos trae a esta entrada es:
El crimen sin resolver de la calle de Tudescos.
Escucha la composición.










Y comienza el episodio del asesinato de Vicenta Verdier. Todo comenzó el jueves 13 de abril de 1907, a la hora de comer. El bullicio de la calle se había parado. En el silencio se podía escuchar el tintíneo de platos y cubiertos, de pronto un grito desgarrador interrumpió la rutina de la hora. Los primeros en percatarse fueron el zapatero, de enfrente, que seguía trabajando, y una vecina que se dirigía a su casa, Matilde Merello. El grito procedía con toda certeza del tercero izquierda del número 15 de Tudescos.

En esta casa resídía desde hace algun tiempo una hermosa mujer llamada Vicenta Verdier. Los vecinos ya alertados y las autoridades subieron hasta la vivienda y echaron la puerta abajo. Era extraño que Vicenta, una persona confiada, dejara su casa cerrada, pero el destino hizo que esto no fuera así. Lo primero que vieron, los vecinos, fue un reguero de sangre por todo el pasillo, desde la cocina a la habitación. Sola, en esta pieza de la casa, se encontraba la perrita de la dueña, llamada Nena. Al ver a la muchedumbre la perra asustada comenzó a ladrar, y aponerse furiosa cuando vió que la policia se acercaba a la cama de su dueña. Sobre la cama reposaba el cuerpo degollado y ensangrentado de Vicenta. El cuerpo aparecía medio desnudo, tapado por el viso de la falda, un pequeño corsé y un delantal. La ventana de la habitación, que da ala calle de la Silva, estaba abierta.

Al día siguiente, los periodicos dijeron que en su mano se encontró una pequeña imagen de la Virgen del Pilar. Durante semanas la prensa se dedicó a escribir, rios de tintas, sobre la vida licenciosa de la hermosa mujer. 

Vicenta había nacido en Zaragoza en el pueblo  de Épila en 1870, llevaba 15 años viviendo en Madrid, en casas de alquiler y siempre sola. Era soltera, en tiempos pasados, siendo sirvienta, había conocido a un joven potentado, del que jamás se dijo su nombre y tampoco se sabe la razón por la que no se casaron. Pasaron los años y el hacendado se casó con una muchacha de su nivel no sin antes dejar bien colocada a Vicenta.

Sola y bien mantenida, Vicenta, se dedicó a visitar cafés y salir con hombres. 

Los días posteriores al crimen, la policia recibió constantes anónimos que contaban los por menores de la vida de la Verdier. Los periodistas buscaron "tajada" en todas estas informaciones, llegando a publicar que el piso de la difunta se habían encontrado entre otras muchas cosas, ropas de varón, un reloj de bolsillo de caballero y un libro ilustrado con multitud de imagenes pornográficas.

Durante semanas no hubo sospechosos. Se sospecho de la esposa del Sr. Romillo, ya que él había mantenido relaciones durante más de una década con Vicenta. Posteriormente se sospecho del mismo amante, ya que pasaba por la calle Tudescos en las horas posteriores al crimen. Un par de policias corruptos falsificaron pruebas para inculpar a Romillo y poder chantajearle. los policias fueron descubiertos y acabaron expulsados del cuerpo. Pasó el tiempo y un tal Salustiano Fernández, que en realidad era José González, se declaró culpable. La policía dudó de las declaraciones y fue puesto en libertad. En 1913 se detiene a Luis Miguel Rosales un andaluz, que nunca había estado en Madrid. En 1923 se declaró culpable Antonio Pérez, que vivía en Estados Unidos y pasaron los años y el crimen de Vicenta Verdier, más conocido por el crimen de la Calle Tudescos quedó sin resolver, ya que nustro directorAlfred Hitchcock no conoció esta historia.

martes, 24 de febrero de 2015

Antonio Machado


Realizo esta entrada con motivo del 76 fallecimiento de Antonio Machado, 22/02/39.
Antonio, tras un periplo por la geografía de España, Soria, Baeza y Segovia llega a Madrid hacia 1931 en el que consigue cátedra en Madrid. En 1932 se instala en Madrid, vive con su familia y en secreto con su amada Guiomar.
Mediante la orden del gobierno del 19 de marzo del 1932 se autoriza a Machado a residir en Madrid para la organización del Teatro Popular, dependiente del Patronato de las Misiones Pedagógicas.
En 1935 ocupa su plaza el el Instituto Calderón de la Barca y poco después pasa al Cervantes.
En noviembre de 1936 abandona Madrid camino de Valencia y se instala en Rocafort hasta 1938 que es evacuado a Barcelona. El 22 de enero del 1939, ante la inminente ocupación de Barcelona, se traslada a Francia a la pequeña localidad de Colliure.
A las tres y media del 22 de febrero del 1939, Miércoles de Ceniza, fallece Antonio. Su madre no se había percatado del suceso hasta que no vio vacía la cama del escritor. Del dolor por la muerte de su hijo, la madre fallece dos días después.
La historia continúa y el 5 de mayo de 1941, fue expulsado, post morten, del Cuerpo de  Catedráticos de Instituto. En 1981, mediante la misma forma, fue rehabilitado como catedrático del Instituto Cervantes de Madrid, mediante orden ministerial de un gobierno democrático.
Si quieres ver el documental emitido por la TV2, con motivo del 75 aniversario de su muerte, lo puedes hacer desde aquí abajo.





Desde la numerosa obre del autor destaco, quizá por ese viajar, la composición de "Yo voy soñando caminos".
 Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...

¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.





Rafael Alberti



 Rafael Alberti y Carlos Cano.
Carlos Cano



Esteban Valdivieso

 






lunes, 23 de febrero de 2015