El de la mula torda

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miércoles, 19 de marzo de 2014

La Quinta de los Molinos.





No estaba prevista esta salida. El día resultó muy agradable. Tan agradable como ese regalo de la primavera. El paseo fue un pretexto para reunirnos con viejos amigos y disfrutar de este anticipo primaveral. Una cita con la naturaleza, que  en estos días, nadie debe de perderse. Sin apenas hacer ruido se produce uno de los espectáculos más vistosos y sensacionales de este principio de primavera de Madrid. La Quinta de los Molinos encarna una explosión de colores con la floración de sus cientos de almendros. Los almendros son de los primeros árboles en florecer, un capricho de la naturaleza que nos indica la incipiente llegada de la primavera y la muda despedida del invierno. Esa visión extraordinaria de ese festival cromático rosáceo que cada año se repite en este lugar, es necesario visitarlo ya que tiene fecha de caducidad, si no lo haces en el momento oportuno, no podrás subsanar el error y deberás de esperar un año...
(Pasa el ratón por las imágenes.)






 Allá donde comienza el ocaso de la castiza calle de Alcalá, nos encontramos con este oasis de paz y vegetación, 28 Ha. de exuberante floración, puro sosiego y calma.
El terreno que actualmente ocupa el parque, en su origen era una quinta destinada al cultivo del cereal. La finca estaba atravesada por por dos arroyos, el de los Trancos y la Quinta. La finca pertenecía a la familia de Torre Arias, en la segunda década del siglo pasado, vendieron la finca a César Cort Botí, profesor en la Escuela de Arquitectura de Madrid y Concejal de Urbanismo del

Ayuntamiento de Madrid. En realidad fue una venta en especies, ya que los Torrearias pagan al arquitecto por los trabajos realizados con esta finca. César va adquiriendo terrenos limítrofes al primitivo núcleo de la propiedad, el Palacete y decide trasformar la Quinta y la convierte en finca agrícola del tipo mediterránea. Construye el Palacete en 1925 y posteriormente la Casa del Reloj. Las dos están orientadas al sur, hacia la vaguada del arroyo de los Trancos, que dispone de una plantación importante de frondosas en el seno de la cual se construyó el lago y el jardín. En los alrededores de la Casa del Reloj se distribuyeron parcelas escalonadas de huertas o de producción de flores, y en el entorno del palacete otra serie de parcelas dedicadas unas a producción y otras a jardín ornamental, rodeadas por muretes y escaleras que separan las distintas zonas.

Uno de los últimos elementos construidos en el entorno del palacete fue la pista de tenis. Más que una pista de tenis parece un Ágora con un escenario en armonía con el estilo del palacete. El conjunto podría pertenecer a una película de Visconti.
Parasu realización fueron necesarios grandes movimientos de tierras,  ya que se encuentra encajada en el sentido de la pendiente longitudinal del terreno. Esta situación topográfica permitió rodear el campo con sendas terrazas del césped, a modo de gradas para espectadores y construir un muro de contención en forma de arco en el extremo norte del mismo.
Como he mencionado anteriormente, para transformar La Quinta en finca agrícola, César,   para llevar a cabo tan ambicioso proyecto empezó sembrando en las colinas, taludes y ribazos, árboles frutales y multitud de almendros y olivos.
En las hondonadas del terreno las especies arbóreas elegidas fueron los álamos, olmos y chopos. Para proteger a los almendros de las inclemencias del tiempo, en el perímetro de las zonas cultivadas con estos árboles, se plantaron pinos carrascos, pinos piñoneros, cedros y cipreses que forman una pantalla vegetal cuya misión es la de proteger a los almendros y demás árboles frutales. 
Al finalizar la Guerra Civil, César Cort tapia el perímetro de la Quinta y se construye la caseta de los guardas.



El agua empleada para regar la finca procedía en el inicio de pozos y manantiales descubiertos a lo largo del proceso de formación de la Quinta. Cesar, trae dos molinos de Michigan en 1920, y los utiliza para extraer el agua para el regadio del parque. El primer se encuentra en el oeste del placete, junto a la rosaleda y el otro junto a la Casa del Reloj y las albercas. Son los molinos que dan nombre al parque. Se construyeron numerosas albercas y balsas para almacenamiento y distribución. Las fuentes cumplían una doble función decorativa y de abastecimiento. De este modo se fue creando un complejo sistema de circulación de agua en toda la parte norte de la Quinta.
Cuando fueron adquiridas las parcelas situadas al sur del Arroyo de los Trancos, se elevó un tramo del camino construyendo un puente sobre el Arroyo y se levantaron sendas tapias a ambos lados, hoy desaparecidas.
En los años 60 César sufre un accidente  en las escaleras del palacete y se rompe la cadera, a partir de tal suceso, decide mudarse a la Casa del Reloj, cerrando por completo el Palacete.
En 1878 fallece el propietario y la finca sufre un abandono, hasta 1982 en la que los herederos acuerdan con el Ayuntamiento la cesión de las 3/4 partes de la finca, a cambio de edificar dos partes del norte de la finca.
El estilo de las construcciones viene a tener una influencia de la llamada "Secesión Vienesa".
En el ambiente ecléctico de la arquitectura madrileña de principios del siglo XX surgen manifestaciones modernistas en todas sus vertientes, art-noveau fraco-belga, modernismo español, Liberty italiano. Pero es la elegancia y serenidad geométrica de la Secesión vienesa  una de la inspiraciones principales en el Madrid de esa época, cuyo influjo se dejó notar en mayor o menor medida en numerosos edificios de la capital, mezclándose con más o menos intensidad con el historicismo, regionalismo, racionalismo,  art decó...y manifestándose en todos los usos y tipologías edilicias.



La Secesión (o Secession) surge en la Viena del siglo XIX de la mano de los discípulos de Otto Wagner   (Olbrich, Hoffmann, Loos, Plecknik...) y partiendo del Jugenjstil  (modernismo de la zona de habla germana) da un pasó más allá, aproximándose al incipiente racionalismo de los venideros años, con fuerte influencia expresionista y siendo punto de referencia en movimientos posteriores como el Art decó.


Se inicia como un modernismo geométrico, con volúmenes nítidos, superficies lisas, potentes apilastrados con enfásis vertical, decoraciones estilizadas y conceptos prerracionalistas, que poco a poco van ganando peso en el movimiento. Según Carlos Saguar, en la Secesión : "la estructura adquiere un refinado valor ornamental y un fuerte acento expresivo". Además el color y textura de los materiales, tanto en el interior como en el exterior, servían para acentuar y contrastar las distintas partes.


El Palacete Cort como la tapia , la fachada principal y las edificios auxiliares están inspirados en la arquitectura de la Secesión Vienesa. En cuanto al palacio, todas sus fachadas son diferentes aunque el conjunto presenta un carácter  unificado, marcado por la  volumetría y la verticalidad  de las pilastras adosadas y el remate piramidal de la torre. El palacete, construido en 1925, recuerda mucho al palacio Stoclet de Bruselas, proyectado por Joseph Hoffman, uno de los padres del estilo secesionista. “Es una obra única en Madrid por ese protorracionalismo de la Secesión vienesa que Cort tradujo y simplificó”, explica Javier Martínez-Atienza, que, junto a Julio Gómez, transformó el interior en 2007 para que alojase Magistralia, una fundación privada de apoyo al profesorado musical del Ayuntamiento, al que pertenece el palacete desde que la familia Cort cedió tres tercios de la finca a cambio de poder urbanizar el cuarto. El proyecto musical no fraguó, como tampoco lo había hecho antes otro para que el palacete fuese sede de la olímpica Madrid 2012. El edificio fue restaurado por la empresa Ortiz, con el impulso del Ayuntamiento de Madrid, con un presupuesto de 1.081.822,00 euros.
a la fecha de hoy el palacete, totalmente rehabilitado, languidece sin uso.

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