El de la mula torda

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sábado, 25 de febrero de 2017

Alquitara.



Comenzamos una nueva serie de entradas con palabras en desuso, olvidadas, pero que merece la pena rescatar del abandono.
Es muy común en muchos de nuestros bares y restaurantes adornar las estanterías con objetos antiguos. Entre los muchos cachivaches que adornar el anaquel, casi siempre cubiertos de polvo, se me va la mirada a una "alquitara" y pregunto a mi acompañante si sabe como se llama ese pequeño instrumento de latón lleno de cardenillo.
Me responde que alambique y que se utiliza para destilar.
Dado que este aparato fue inventado por el persa Al - Razi, allá por el el siglo X, para producir perfumes, medicinas y alcohol procedentes de frutas fermentadas, me parece más correcto utilizar la palabra alquitara.
Realizado por Carlos Osorio.
El proceso es muy simple, el líquido a destilar se coloca en la retorta donde se calienta la mezcla por medio de la llama. los vapores emitidos salen por la parte superior y se enfrían en un serpentín refrigerado por agua. el líquido resultante se recoge en el deposito final.

Pero volvamos con nuestra palabra, alquitara, es una variante de la voz alcatara (del árabe hispánico alqaṭṭára, y este de la raíz {qṭr} 'destilar'), con influencia del término alquitrán (producto obtenido de la destilación de maderas resinosas, carbones, petróleo, pizarras y otros materiales vegetales y minerales)...
La palabra me evoca mis años de colegial. Años que aprendíamos un sin fin de poesías de memoria. Recuerdo uno de los sonetos satíricos más conocidos de nuestra literatura, "A una nariz", que aparece en las dos versiones, en la primera en el segundo cuarteto y en la segunda en el primer cuarteto.
Tomo la caricatura de Francisco de Quevedo realizada por Carlos Osorio del libro del mismo autor "Su majestad es Coja".

A una nariz.


Versión A

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Érase un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
Versión B

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado.

Era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce tribus de narices era;

Érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal morado y frito.



José María Vilches





Jesús Márquez


 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

La jerga de Cantalejo

Recuerdo los años de mi niñez en las ansiadas vacaciones veraniegas, los baños en las diferente  charcas del río Vena, la de los Mozos y la de los Bueyes, pero sobre todo la época de la trilla. El olor a parva junto con el sol abrasador hacían que el día fuera interminable.

Era en estos momentos cuando los chifleros de Cantalejo hacían su agosto, y nunca mejor dicho, ya que vendían su trabajo de todo un invierno en el verano. Los chifleros eran los fabricantes de los aperos de labranza y en especial de la zona de Cantalejo. Tenían fama sus trillos que los fabricaban por la abundante materia prima que abundaba en esta región segoviana. para su elaboración utilizaban la madera de los pinares cercanos y el silex lo traían de Guadalajara o Cuenca. El trillo de Cantalejo es el heredero del trillo romano. El origen de este apero en la zona no está muy claro, unos opinan que fueron unos artesanos de origen galo los que empiezan la fabricación de esta herramienta en el siglo XVI, otros opinan que fueron unos agricultores de los barrios bajos de Burdeos que acompañaron a los monjes templarios y repoblaron esta zona en el siglo XII. Sea uno u otro, el caso es que en la mitad del siglo pasado, en Cantalejo, se dedicaban a esta faena la mitad de la población. 



Cada familia estaba especializada en una ruta, recorriendo entre todos la totalidad de España. los chifleros que hacía la ruta de Guadalajara y Cuenca aprovechaban para traer la otra materia prima para la elaboración del trillo, el pedernal, que más tarde tratado extraían las lascas para empedrar el trillo.
Estos artesanos que recorrían todos los caminos de España, con sus carros, tenían una jerga muy especial la gacería, esta jerga  la utilizaban entre ellos en los diferentes tratos con los lugareños, con el único objetivo de sacar beneficio en el negocio. 
Los investigadores no se ponen de acuerdo en cuanto a su nacimiento, pero todos coinciden en que esta jerga la utilizan los tratantes de ganado y de aperos de labaranza de este pueblo. utiliza vocablos de otras lenguas y de otras propias, del árabe toman la palabra chiflo, que significa trillo, por lo que estos trabajadores eran conocidos como chifleros.
Hoy en día se sigue hablando esta peculiar jerga. Para poder ver el documento clic AQUÍ.
Y para terminar os dejo la entrada segoviana de Agapito Marazuela.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Nodo.


"El Nodo", noticiarios y documentales, era un noticiero documental que se proyectaba en todos los cines, antes de la película, de forma obligatoria, entre el 42 y el 81. A partir del 68 esta herramienta publicitaria del régimen deja de tener importancia, ya que aparece la televisión. Es en este momento cuando el nodo pasa a ser una revista documental.
Por aquella época, era estudiante de bachiller en la modalidad de libre. Para llegar al instituto y examinarnos en el "Ramiro de Maeztu", lo hacíamos desde un autobús 51, que salía de sol y llegaba hasta el Instituto. Para todos mis compañeros este barrio era un poco desconocido. Sabíamos que nos bajábamos al ver las letras del edificio de Nodo. En estos momentos a todos nosotros, nos entraba el cosquilleo estomacal, fruto del nerviosismo del examen.
Ahora se puede disponer de todo el fichero documental. Para poder llegar clic AQUÍ.


sábado, 31 de marzo de 2012

Arturo del Hoyo

Era todavía mi hija muy pequeña. Estábamos en San Martín de Valdeiglesias. Un día de estos de verano caluroso, tras realizar las labores más importantes, ocuparme de mis padres, nos decidimos con el pretexto de dar una vuelta y llegar a casa del primo Arturo. Cuántas tardes paseé en el jardín de este hotelito. Las malas hierbas habían invadido todo. Las coníferas que servían de separación con la casa limítrofe habían crecido a su albedrío. Eran árboles enormes. Mi hija no se podía imaginar que el patio del hotelito hubiera sido un jardín. Entramos como siempre, dando una voz ¡Arturo! ¡Arturo! El primo se aproximó hasta la puerta. Después de los saludos y abrazos, me ofreció un chato de vino. Estuvimos charlando toda la mañana. Me comentó la perdida de su esposa Isabel y la operación de riñón. Le encontré estupendo, a pesar de los años no vivía con nadie. Mi hija, Paloma, se quedó impresionada por las estravagancias de las personas mayores. Mi primo no paraba de comer unas pequeñas aceitunas y tiraba los huesos al suelo del salón. Esta fue la última vez que estuve en su casa. Pasados unos días nos devolvió la visita y estuvo todo el día con mi padre. Los hechos que estoy narrando ocurrieron en el verano del 2001. Reiteradamente he ido por el hotelito, pero siempre cerrado, hasta que un día vi como le remozaban. Hablé con los obreros me no me supieron decir quién era el nuevo propietario. ¿Será alguno de sus sobrinos? Los recuerdo cuándo venían a pasar algunos días y por tener mi misma edad jugábamos juntos. Hoy hace ocho años de su muerte. Nos queda su recuerdo y los pequeños regalos que me hizo y que por ser algunas de sus obras las consulto bastante a menudo. De hecho mi mujer "El diccionario de palabras y frases extranjeras" lo tiene siempre a mano para su consulta. los libros que guardo de él son "Primera caza" (1956), "El pequeñuelo" (1967), "En la glorieta" (1972), "El lobo" (1981), "Historias de Bigotillo, ratón de campo" (1987) y "El amigo de mi hermano" (2000). Traducido al francés, al alemán y al checo, recibió en 1977 por su cuento "Las señas" el Premio Hucha de Oro de Cuentos.
Tal era la relación que manteníamos con él que incluso llegamos a aparecer en alguno de estos cuentos, como en Las Señas, mi padre, El Pequeñuelo, yo. Y muchos de los sitios donde se desarrollan, como el Portillos de Embajadores en la Glorieta. Los pueblos cercanos a Burgos, que hoy forman parte de la ciudad.
Os dejo el siguiente libro incompleto "Cuentos de otro tiempo".


 
Te dejo la obra completa  ganadora de la hucha de oro Las Señas, con su propuesta didáctica en ete enlace AQUÍ

Otros cuentos:
  1. Noticia previa
  2. El amigo de mi hermano.
  3. El amoroso.
  4. Nubecilla
  5. Eso me había dicho.
  6. Lo que yo digo.
  7. Misioneros.
  8. Chismes y nada más que chismes.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La cocina de mi niñez

No ha ce mucho tiempo, en la España de los sesenta, cuando yo era un niño. La cocina de mis abuelos no tiene nada que ver con la que conocemos hoy.
En las casas el alumbrado era el mínimo. Se debía a que los contratos de luz eran para una o dos bombillas. Recuerdo que en la casa de mi abuelo había dos bombillas conmutadas, una en la planta baja y otra en la superior. Esta precariedad en los alumbrados hacía de la cocina el lugar más visitado de la morada. En ella se hacía de todo. La cocina tenía una ventana a la calle. Los días de verano soleados, la luz invadía la cocina por los dos huecos, la ventana y el vano de la chimenea.

Cocina de las llamadas económicas.
La pieza principal de la casa era la cocina. En concreto, en la casa del abuelo había la cocina tradicional, el hogar, y otra de forja de las llamadas económicas, de fabricación vasca. La cocina fue en el pasado la dependencia de la vivienda que más se usó. Las bajas temperaturas invernales nos obligaban a mantenernos cerca del fuego el máximo tiempo posible.
En la chimenea, donde se quemaban sarmientos o leña del monte, colgado del llar o "allarín" se podía ver el caldero o la caldereta de cinc o cobre donde se cocían patatas y todo aquello que pudiera servir de de alimento para los cerdos.

Llar con garabato para sujetar el caldero.
Más abajo, en lo que se llamaba hogar, entre su negrura resplandece el acero de los dos relucientes morillos, en el centro hervían los garbanzos o las alubias en pucheros de barro sujetos por calzos o seseros. Las trébedes se colocaban encima de la llama para freír los huevos o los tasajos del cerdo. Un recogedor, también metálico, impedía que las ascuas se esparcieran. Y, a ambos lados del fuego, si faltaban los morillos, dos cilindros de hierro -denominados cañoneras- fueron los antecedentes rurales de la bolsa

Morillos

de agua caliente o de la manta eléctrica, ya que en ocasiones se empleaban para calentar las camas. El grueso hierro fundido absorbe el calor que, de otro modo se perdería, y lo devuelve a la habitación. De este modo, actúa como una especie de radiador que puede mejorar la eficiencia de la chimenea. Cuanto más gruesa fuera la placa de acero sobre la que se hacía la lumbre, más prolongado y suave es este calor irradiado.

Calzos o seseros.
En la poyata, una pequeña repisa por detrás del hogar, esperaban la hora de la cena los huevos fritos que, en más de una ocasión y debido a la lluvia, recibían alguna mota de hollín o alguna pavesa que caían chimenea abajo.
Colgado de algún clavo siempre se encontraba el soplillo o el fuelle que servía para avivar el fuego. Y las tenazas iban de mano en mano para atizar la lumbre o para "firmar" en el aire o "hacer rúbricas" sobre las mortecinas ascuas.
Trébedes para la sartén.
En la cocina se almorzaba, se comía, se cenaba y... se trasnochaba. Durante las largas noches de invierno, las abuelas cosían y tejían, los abuelos limpiaban los garbanzo y judías, las madres remendaban pantalones o hacían , los padres componían alguna collera del ganado o cincha de la burra y los chicos hacían sus deberes escolares o jugaban al parchís. A estas veladas o trasnochadas de invierno siempre se unían algunos vecinos, de esta forma, al tiempo que se ahorraba leña en una casa, la conversación se hacía más amena.
Toda la familia se sentaba alrededor del fuego los más cercanos en "tauretes", banquetas o banquillas, los más alejados en el escaño o en los poyos laterales, impidiendo que se desperdiciara el calor que desprendía el fuego. A los niños nos solían dejar la parte más cercana al hogar, nos aproximábamos tanto a la llama que nuestras piernas desnudas, ya que vestíamos siempre con pantalón corto, se arrebataban y nos salían cabrillas. Teníamos el pecho caliente y la espalda fría. Por cualquier circunstancia, si nos quedábamos solos hacíamos diabladas. Jugábamos a lo que veíamos, imitábamos a nuestros padres intentando encender un cigarro cogiendo del “ascuarril” un tizón con las tenazas, azuzábamos el fuego con el soplillo o con el fuelle. El resultado era casi siempre el mismo una zorrera, y la bronca de los mayores al entrar, y siempre la misma expresión “os vais a mear en la cama”.


Mesa de matanza o tocinera,
 Durante el invierno, nadie se movía de su sitio para cenar; se colocaba una mesa baja, la de la matanza, entre los comensales con los platos -que en la mayoría de los casos sólo era uno- y todos cogían su ración y la colocaban sobre un trozo de pan que sostenían en la mano.
Esta mesa, del tipo de las denominadas tocineras, tenía un pequeño cajón donde se guardaban los escasos cubiertos que, como ya hemos dicho, eran poco utilizados a no ser la cuchara.
En la pared opuesta al fuego solía haber un basar, rudimentario armario o la alacena con anaqueles en el que se colocaban los tanques y tazones para el desayuno, los platos y fuentes algún jarro En las casas de las familias pudientes, colgada de la pared, se mostraba la reluciente espetera de cobre, compuesta de cazos y cacillos, pero no en todos los hogares se disponía de este ajuar. Al lado de la pila solía estaba la canyarera con la tinaja del agua.
Sobre la fregadera, pileta hecha generalmente con cemento donde se colocaba la caldereta o un lebrillo con el agua caliente para fregar los platos, solía haber también un escurreplatos. Y encima, colgando de puntas clavadas en la pared, la cucharrena o espumadera, y el cacillo o repartidor. Cerca de la pila solía estar colgada la tabla de lavar con la tajuela.
En otra parte un basar con la radio. Estaba encendida todo el día.La radio era la gran distracción de todas las casas, todo era IMAGINACIÓN, había programas de todo tipo con las canciones de la época y, naturalmente, muchos anuncios. Escuchabamos el show de MARIO CLAVELL. El programa de Pepe Iglesias EL ZORRO. Los anuncios que se emitían eran de este tipo o de este otro. Las canciones eran lo más oído. De los artistas españoles de la época tenemos que destacar a José Luis y su guitarra, Pepe Mairena. Los que son de mi generación seguro que se acuerdan de estas cosas, fue cuando empezó a sonar por la radio EL DÚO DINÁMICO
Pocas cosas más había en aquellas cocinas de mi abuelo, donde mi padre aprendio a sumar escarbando con un tizón sobre la ceniza; donde escucharon anécdotas de tiempos pasados; y donde tal vez "pelaron la pava" con el novio o novia tras el obligado consentimiento paterno para que él o ella "entrasen en casa".
Pero siempre, siempre, siempre, el morador que merodeaba po cualquier parte de la cocina sin ser sentido es el gato.




martes, 19 de octubre de 2010

Los Años del NO-DO 1939 - 1976

Lo que se contaba y ocultaba durante la dictadura. Son tramos de video que abarcan desde 1939 hasta 1975 . Material original procedente de los archivos del viejo NODO. Hay escenas inéditas (Onassis y Churchill paseando a bordo de un coche utilitario de los años 50, Ava Gardner toreando, Orson Wells, discursos oficiales, etc.) cada uno encontrará alguna escena sorprendente. Son ya muchos años.
Se presentan en dos videos.



sábado, 10 de abril de 2010

Tunel del tiempo

Este es increible! El tunel del tiempo de nuestra infancia. Despues de pinchar el link, volved a pinchar en cualquiera de los conceptos que aparecen (radio, musica, tbos, etc..). Ignoro como puede haberse obtenido tanta informacion...y como puede tenerse tanta paciencia..


miércoles, 10 de marzo de 2010

La radio


Te acuerdas… eras pequeño y la única distracción era la radio. Te muestro una serie de enlaces que te harán recordar esta época. Madrid era un poco diferente. Los vecinos se conocían y se compartían tertulias en la calle las noches de verano. Incluso los niños cenábamos un bocadillo en la calle. Los juegos los nuestros los que tratamos de enseñar a nuestros alumnos en talleres en actividades extraescolares.
Recuerdo de aquella época las siestas obligadas, el sonido de la radio de los vecinos, que entraba a través de la ventana qe daba al patio interior.
La radio era la gran distracción de todas las casas, todo era IMAGINACIÓN, había programas de todo tipo con las canciones de la época y, naturalmente, muchos anuncios.
Escuchabamos el show de MARIO CLAVELL.
El programa de Pepe Iglesias EL ZORRO.
Los anuncios que se emitían eran de este tipo o de este otro.
Las canciones eran lo más oído.
De los artistas españoles de la época tenemos que destacar a Joé Luis y su guitarra, Pepe Mairena.
Los que son de mi generación seguro que se acuerdan de estas cosas, fue cuando empezó a sonar por la radio EL DÚO DINÁMICO