Quizá Don Álvaro de Luna sea el primero de los llamados "Validos", que adquirirán suma importancia con los llamados "Austrias Menores".
Comienzo esta composición por lo que me atañe de cerca, recuerdo de pequeño, su imagen pétrea, en la Plaza Real de San Martín de Valdeiglesias.
Siempre me llamó la atención su figura, con ese gorro especie de tocado, su vestimenta casi talar, y el gran espadón que amarrado a su cintura se dejaba ver entre el recogido de su capa sobre su brazo derecho. La plaza, como otros sitios del pueblo, era nuestro lugar de juegos. Allí nos reuníamos los amigos, Andrés y Antonio Berrocal, Emilito y su hermano Javier, y los más pequeños, Pepito, hermano de Andrés y Antonio, junto con sus amigos, Luisito, el nieto de Rufina y su inseparable Javier. Estando jugando todos en la proximidades de la estatua, aparecieron un grupo de turistas, aquí tomateros, entre ellos, un niño, que le llama la atención la estatua pétrea, y pregunta al que debía de ser su padre, quién es ese señor. El padre respondió será el "santo del pueblo". A todos nosotros nos produjo tal indignación que entre sonrisas irónicas, respondímos a la pregunta del niño ... Don Álvaro de Luna fue el Condestable de Castilla y Señor del pueblo y su residencia es el castillo de San Martín. Todo esto era lo que sabíamos sobre esta personalidad.
Con los años aprendimos que fue un hombre con tan fuerte carácter, que ejerció tanta influencia sobre el rey que llegó a gobernar sin ser rey, lo que le llevó a enemistarse con los demás nobles y el que fue su amigo, el rey, por esos motivos le condenó a muerte.
Nació en un pueblo de Cuenca, en Cañete, en el año 1390. Era hijo bastardo de un noble aragonés y de la llamada "Cañeta", María Fernández Jaraba. Siendo muy niño falleció su padre. Mientras tanto, Cañeta, tuvo otros dos hijos de padres diferentes. Álvaro quiso mucho a uno de estos hermanos, Juan de Cerezuela, que con el tiempo llegó a ser obispo de Osma, Sevilla y más tarde Arzobispo de Toledo. En su niñez y a falta de padre, se encargó de su educación, su tío, Juan Martínez de Luna y el antipapa Benedicto XII de Aviñón, más conocido como el papa Luna, ya sabéis el de Peñiscola. El Papa Luna era tío abuelo de Álvaro. Pasa el tiempo y a la edad de 18 años, su tío, Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, le introduce como paje en la corte del rey niño Juan II, el padre de Isabel La Católica.
Juan, el rey, había perdido a su padre, Enrique, a los dos años. En su testamento, Enrique, había dispuesto que mientras su hijo fuera menor de edad, la regencia la ocuparan la madre, Catalina de Lancaster y Fernando de Antequera, su hermano. Esto no fue más que una continuidad, ya que Enrique el Doliente, había delegado en su hermano parte del poder.
Las desavenencias entre los dos regentes hace que se divida el reino en dos zonas de influencia, correspondiendo a Fernando la parte que abarca desde la sierra de Guadarrama hasta el reino nazarita de Granada, y el resto a la madre de Juan.
La situación se mantiene así hasta que Fernando de Antequera es llamado para ocupar la Corona de Aragón, tras el compromiso de Caspe, y de esta forma entra la disnastia castellana de los Trastamara en Aragón.
En todo este tiempo, Álvaro de Luna, no puede ejercer las influencias sobre el rey, ya que la fuerte personalidad de los dos regentes no dejan espacio para su intervención.
Al desaparecer de la escena Fernando de Antequera, y la muerte de la madre del rey, Álvaro de Luna va ejerciendo influencia sobre Juan II. Las cortes reunidas en Madrid proclaman al rey mayor de edad en 1419, con 14 años. Un año más tarde se casa con su prima hermana, la hija de de Fernando de Antequera, María de Aragón.
El rey siendo un adolescente deposita su confianza en Álvaro de Luna. El motivo, quizá fuese, el sumo control que quiso ejercer sobre él, su tío y suegro Fernando. Para proteger los intereses del ahora rey aragonés, deja en Castilla a sus hijos, y cuñados de Juan II, los infantes de Aragón. sea como fuera, Álvaro de Luna es nombrado Condestable de Castilla y el rey deposita en él toda su confianza. Se dice que Álvaro hechizó al rey y éste le admiraba por todos sus mejores talentos: buen caballero, habilidoso jinete y lancero, elegante poeta y buen prosista. Sobre esta admiración, el historiador y médico Gregorio Marañon, sospechaba que entre ambos pudiera haber tenido relaciones homosexuales.
El nombramiento de Álvaro como Condestable de Castilla, llevó al reino a una guerra civil, de una parte la nobleza menor con el rey y el Condestable y de otro bando los nobles mayores y los intereses de los aragoneses, haciendo intervenir a Alfonso V de Aragón apoyando a sus hermanos, los infantes.
La guerra se resuelve con la victoria de Álvaro y la expulsión de los aragoneses y su influencia de la corte de Castilla.
Tras diversas intrigas y apropiación de riquezas de los nobles que habían huido o habían sido desterrados, Álvaro de Luna, llega a tener la máxima influencia y riqueza en el reino.
Pacificada Castilla, comienza su extensión hacia el sur, hacia Granada. El rey moro de Granada quiere una tregua y soborna a Álvaro de Luna, mediante un carro cargado de higos secos y una moneda de oro en el interior de cada higo, que acepta la tregua.
Juan II queda viudo en 1445, este matrimonio deja un hijo, Enrique, hermano de Isabel I, que llegará más tarde a ser rey de Castilla.
Dos años más tarde, en 1447 se casa en segundas nupcias con Isabel de Portugal. La nueva reina no ve con buenos ojos la relación que mantienen su marido Juan con Álvaro, y ya se sabe, dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. El Condestable pierde el favor del rey y al poco es arrestado y ejecutado por degollamiento en la plaza mayor de Valledolid. Su esposa Juana Pimentel y su hijo Juan de Luna se refugian en Escalona, desde donde piden ayuda al Papa, por ser de la Orden de Santiago Álvaro era el Gran Maestre, y la orden estaba bajo la protección papal. Rinde el castillo a las tropas reales y a partir de ese momento, y hasta su muerte, Juana firma todos sus documentos como "La triste Condesa", mostrando así el lamento por la ejecución de su marido.
Un año más tarde el rey fallece.
Resumiendo, Álvaro de Luna fue el eje político de la vida castellana de la primera mitad del del XV, prototipo de insaciable para unos, fiel servidor del rey para otros, supo concentrar el máximo poder y maniobrar en una Castilla que la debilidad del rey y la avaricia de los nobles convirtieron en campo de batalla de las luchas nobiliarias.
A Álvaro de Luna se le atribuyen estas palabras que aparecen en el el refectorio del monasterio de Uclés, "Vosotros, los que os teneis en algo, deteneos ahora un poco, os ruego, y considerad mis palabras: vosotros nobles barones, sabed que a nadie perdono".
Y con estas palabras que resumen la filosofía de la vidaa de Álvaro de Luna, termino "Menimi Parco" a nadie perdono, a nadie respeto.
Mostrando entradas con la etiqueta Edad Media.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edad Media.. Mostrar todas las entradas
viernes, 4 de marzo de 2016
martes, 14 de abril de 2015
El Fuero de Madrid.
Tras la conquista de Madrid por Alfonso VI, y su posterior muerte, los musulmanes abrieron la puerta del estrecho a Alí, también llamado Tesufín, emperador de los almorávides. el propósito era ocupar las plazas perdidas años atrás. sitiaron Madrid, pero una gran peste atacó el campamento sarraceno. Alí vio peligrar su vida y marchó hacia Sevilla. Los defensores de Madrid salieron del Alcázar, único punto que no había sido tomado. En el sitio denominado desde entonces," El Campo del Moro", dejaron los almorávides muertos, y todo un botín que no se llevaron, y los madrileños con el pendón de la Villa, el oso prieto en campo de plata, junto con los vecinos de Ávila y Segovia, emprendieron escaramuzas. Esto ocurrió en 1109.
Alfonso VII, que residió muchas veces en Madrid, le colmó de privilegios, fueros y ordenanzas. el fuero otorgado en toledo a los madrileños, en 1122, fue el primero, se concedía al Consejo de esta Villa, la donación perpetua de montes y sierras que había entre Madrid y Segovia.
El Fuero de Madrid, otorgado por Alfonso VIII se conserva en el Archivo municipal de la Villa. Es un códice en pergamino, de veintiséis hojas, en cuatro cuadernos, faltando el segundo. en él están las disposiciones legales y ordenanzas. Está escrito en letra gótica, en latín romanceado. Este hecho fue primordial para Madrid ya que muy pocas ciudades tenían un fuero propio.
Si quieres conoce el vídeo sobre el Fuero de Madrid. El documento que durante mas de 100 años ordenó la vida de la ciudad. Haz clic AQUÍ.
Y ahora viene la anécdota, como nos decía el Premio Nobel de literatura, "no es lo mismo estar dormido que durmiendo, porque no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo". En el argot más barriobajero hay palabras que a pesar de su malsonancia están totalmente arraigadas. Pancracio Celarán, autor de «El Gran Libro de los Insultos», publicado por la editorial La Esfera, expone que el vocablo jodido alude al sujeto miserable, ruin y malintencionado que en su dañina actitud busca el enojo de la gente.
El origen del apelativo se centra en el participio pasivo del verbo latino futuera: fututus in culum (sodomita paciente, literalmente 'jodido en el culo') y se usa con voluntad ofensiva desde el siglo XII. En el Fuero de Madrid se lee:
Toto
homine qui a uezino uel a filio de uezino aut a uezina uel filia de
uecina, qui a mulier dixerit puta aut filia de puta uel gafa, et qui al
baron dixierit alguno de nomines uedados fudid in culo aut filio de
fudid in culo aut cornudo aut falso...
Hoy en día, el término, ha cambiado un poco, la carga semántica del vocablo
no es el factor más importante para explicar su capacidad ofensiva. Importan más los factores suprasegmentales o la voluntad del hablante,
donde el término soporta significados y matices como el de persona muy
fastidiada, física o moralmente hecha polvo.
viernes, 10 de abril de 2015
El Cid Campeador ganó Madrid.
Otra pequeña calle para otro conquistador de Madrid, el Cid Campeador. Pedro de Repide, acerca de esta calle nos dice: "Es una calle corta y sombría, que fue abierta en 1862 y se halla ocupada en gran parte por las accesorias de los palacios de Manzanedo y de Fuenclara. No tiene más recuerdo que el de haber estado instalada en ella la Imprenta Nacional, ya suprimida."
El origen de la historia del Cid en Madrid s e la debemos a D. Nicolás Fernández Moratín,famoso escritor, poeta y dramaturg, que vivió en Madrid, entre 1737 y 1780, fue uno de los primeros en afirmar que la reconquista de Madrid en el siglo XI fue realizada por el Cid Campeador. Tan convencido estaba de ello, que escribió "Fiesta de toros en Madrid", para explicar por qué el Cid vino a recatar de la servidumbre musulmana de la Villa.
Y comienza la leyenda que presentó Moratín en forma de quintillas.
Vinieron las moras bellas
de toda la cercanía,
y de lejos muchas de ellas,
las más apuestas doncellas
que España entonces tenía.
Aja de Getafe vino
y Zahara la de Alcorcón,
en cuyo obsequio muy fino
corrió de un vuelo el camino
el moraicel de Alcabón.
Salió un toro del toril
y a Tarfe tiró por tierra,
y luego a Benalguacil,
después con Hamete cierra,
el temerón de Conil.
Traía un ancho listón
con uno y otro matiz
hecho un lazo por airón,
sobre la inhiesta cerviz
clavado con un arpón.
La mora se puso en pie
y sus doncellas detrás;
el alcaide que lo ve,
enfurecido además
muestra cuán celoso esté.
Suena un rumor placentero
entre el vulgo de Madrid:
«No habrá mejor caballero»,
dicen, «en el mundo entero»,
y algunos le llaman Cid.
Ya fiero bando con gritos
su muerte o prisión pedía,
cuando se oyó en los distritos
del monte de Leganitos
del Cid la trompetería.
El origen de la historia del Cid en Madrid s e la debemos a D. Nicolás Fernández Moratín,famoso escritor, poeta y dramaturg, que vivió en Madrid, entre 1737 y 1780, fue uno de los primeros en afirmar que la reconquista de Madrid en el siglo XI fue realizada por el Cid Campeador. Tan convencido estaba de ello, que escribió "Fiesta de toros en Madrid", para explicar por qué el Cid vino a recatar de la servidumbre musulmana de la Villa.
Y comienza la leyenda que presentó Moratín en forma de quintillas.
Madrid, castillo famoso
que al rey moro alivia el miedo,
arde en fiestas en su coso,
por ser el natal dichoso
de Alimenón de Toledo.
Su bravo alcaide Aliatar,
de la hermosa Zaida amante,
las ordena celebrar,
por si la puede ablandar
el corazón de diamante.
que al rey moro alivia el miedo,
arde en fiestas en su coso,
por ser el natal dichoso
de Alimenón de Toledo.
Su bravo alcaide Aliatar,
de la hermosa Zaida amante,
las ordena celebrar,
por si la puede ablandar
el corazón de diamante.
además de la hermosa Zaida, eran muchas las moras distinguidas que aquel día, con aljubas de vistosos colores, seguían con sus ojos llenos de misterio el devenir de la fiesta.
Vinieron las moras bellas
de toda la cercanía,
y de lejos muchas de ellas,
las más apuestas doncellas
que España entonces tenía.
Aja de Getafe vino
y Zahara la de Alcorcón,
en cuyo obsequio muy fino
corrió de un vuelo el camino
el moraicel de Alcabón.
Los árabes más principales lucían sus mejores galas y alardeaban de bravura en el arte de alancear. Todos querían ser los ganadores. tres toros había matado Aliatar cuando...
Salió un toro del toril
y a Tarfe tiró por tierra,
y luego a Benalguacil,
después con Hamete cierra,
el temerón de Conil.
Traía un ancho listón
con uno y otro matiz
hecho un lazo por airón,
sobre la inhiesta cerviz
clavado con un arpón.
Era aquel un toro de una ferocidad arrolladora, era tal su bravura, que ninguno de los presentes, ni moros, ni mozárabes, podían hacerse con él. Aquel que lo pretendía rodaba por el suelo, dándose de bruces con el polvo que manchaba sus ricas vestimentas. La alegría del coso se había trasformado en un silencio expectante y temeroso. aquella fiera estaba humillando a todos...
Ninguno al riesgo se entrega
y está en medio el toro fijo,
cuando un portero que llega
de la Puerta de la Vega
hincó la rodilla y dijo:
«Sobre un caballo alazano,
cubierto de galas y oro,
demanda licencia urbano
para alancear a un toro
un caballero cristiano».
y está en medio el toro fijo,
cuando un portero que llega
de la Puerta de la Vega
hincó la rodilla y dijo:
«Sobre un caballo alazano,
cubierto de galas y oro,
demanda licencia urbano
para alancear a un toro
un caballero cristiano».
No puede Aliatar negar entrada a nadie en un día como éste y aunque mucho le pesa, da permiso al forastero para que entre en la plaza. Lo hace el caballero sobre un corcel de bella planta. Saluda y con valentía y arrojo se planta delante del toro, lo alancea y le da muerte. El bravo animal cae como fulminado por un rayo. el coso es un grito unánime de fervor hacia el cristiano castellano, que sigue cubriendo su rostro con la celada.
La mora se puso en pie
y sus doncellas detrás;
el alcaide que lo ve,
enfurecido además
muestra cuán celoso esté.
Suena un rumor placentero
entre el vulgo de Madrid:
«No habrá mejor caballero»,
dicen, «en el mundo entero»,
y algunos le llaman Cid.
Mientras que el Cid, que está alanceado toros, tiene un pique de amor propio con Aliatar, por la galantería que ha tenido el primero por brindar la muerte del toro a Zaida, amada del segundo, estalla en los tendidos la cólera de unos y el aplauso de otros. El Cid que había entrado solo en la villa, recela que van a atacarle todos, y se dispone a morir matando. pero su hueste que estaba cerca de Madrid, acude a socorrele.
Ya fiero bando con gritos
su muerte o prisión pedía,
cuando se oyó en los distritos
del monte de Leganitos
del Cid la trompetería.
Cesa el alboroto y el alcaide, con diplomacia, sale a acompañar al Cid hasta la puerta de la muralla
El alcaide, recelando
que en Madrid tenga partido,
se templó disimulando,
y por el parque florido
salió con él razonando.
que en Madrid tenga partido,
se templó disimulando,
y por el parque florido
salió con él razonando.
Pero el Cid ya ha visto lo suficiente, conoce el camino y ha visto con sus ojos las defensas de Magerit. Ha calculado la altura de sus muros, la anchura y profundidad de la cava, y ya sabe por dónde hay que atacar para derrotar a los moros. Se despide y comienza a bajar, al paso de su caballo por la cuesta de la Vega.
Y es fama que a la bajada
juró por la cruz el Cid
de su vencedora espada,
de no quitar la celada
hasta que gane a Madrid.
juró por la cruz el Cid
de su vencedora espada,
de no quitar la celada
hasta que gane a Madrid.
La princesa Zaida quiso guardar un recuerdo de aquel día y mandó cortar y disecar la cabeza del bravo animal. Se decía que cada vez que ella suspiraba de amor por el desconocido caballero, el astado mugían con fuerza. La cabeza fue conservada y exhibida durante mucho tiempo en un callejón cercano al Alamillo, que desde entonces recibe el nombre de la calle del Toro.
Poco después en 1083, el rey Alfonso VI decide iniciar la reconquista de Toledo. Parte de Salamanca y conquista Ciudad Rodrigo. Lo deja guarnecido y regresa a la Corte. Un año más tarde, desde Ciudad Rodrigo derrota a los moros en Mérida, marcha hacia Navalmoral y Talavera, tomándolas. Pasados tres años toma Maqueda y Torrijos y se dirige a la conquista de Toledo.
Paralelamente a esta progresión de Alfonso VI, y de acuerdo con ella, el Cid sale de Burgos, dirigiéndose hacia el sur, para coincidir con Alfonso VI en el mismo objetivo. En estos momentos, el Cid, ocupa el cargo de Alferez del rey, cargo que hoy significaría, poco más o menos que general al mando de las tropas de vanguardia. le acompaña Alvar Fañezde Minaya, gran estratega. Como jefe segundo de la caballería a su sobrino Pero Bermudo.
Las tropas del Cid recorren los caminos que años antes habían pateado en razzias y algaradas, riberas del Henares, Azuqueca, Alcalá, y, si leemos la Crónica de los cinco Reyes, de Sandoval, y De rebus Hispaniae, podemos seguir con todo el detalle el avance de las tropas que llegan inevitablemente hacia Madrid.
Llegamos ahora a un punto importante y controvertido. La fecha en que el Cid toma Madrid para Alfonso VI.
Algunos historiadores han querido vincular la toma de Madrid a la de Toledo en una misma campaña, y dado que toledo se rindió el 25 de mayo de 1085, sitúan alrededor de la misma la toma de Madrid.
Sin embargo, parce ser que que Madrid se toma en la campaña de 1083 según el hispanista Peter Baumgartem.
Creo que el Cid debió de ocupar Madrid a finales de la campaña de 1083, para que , echándose el invierno encima pronto, los musulmanes no pudieran mover tropas para intentar recuperar la plaza perdida y esto debió de ocurrir en octubre del 1083.
Al año siguiente, el Cid lo empleó en ampliar el territorio y consolidar las defensas de Guadalajara, Alcalá Madrid y pueblos del sur de Ávila, hasta Arenas de San Pedro. Repobló estos lugares con gentes procedentes de Burgos, Rioja, Santander y Asturias con el objeto de disponer de una sólida marca fronteriza.
En el mapa podemos comprobar la importancia capital de Madrid en esta etapa, y como se va conformando como la cabecera de un amplio arco fronterizo, cuartel general frente a Toledo. El Cid favorece la creación de templos y seguramente la iglesia de la Almudena fue el primer templo parroquial de Madrid reconquistado.
Lo que viene después ya no es historia de Madrid. Las tropas castellanas entran en Toledo en 1085, un ejercito por el norte mandado por el Cid, y otro por el oeste mandado por Alfonso VI. El Cid queda como gobernador al marchar Alfonso VI a León, y después de algún tiempo, en la campaña siguiente el Cid regresa a Madrid. desde aquí inicia los preparativos para la conquista de Valencia. Probablemente cuando el Cid abandonó Madrid, la plaza más importante que había conquistado hasta entonces, y la que había organizado y recristianizado, debió de sentir una nostalgia casi tan grande como cuando salió de Vivar para el destierro
de los sos ojos tan fuertemientre llorando.
jueves, 9 de abril de 2015
Ramiro II, conquistador de Madrid
Poco queda en Madrid del primer conquistador de la ciudad. Una calle de apenas cuatro números en la zona del Canal y una estatua en la plaza de Oriente,. Calle que nace en la avenida de Pablo Iglesias y muere en Bravo Murillo. La reseña que hace Pedro de Repide, sobre esta calle, es muy escueta. " De la calle de Bravo Murillo a la de Gaztambide... Es una de las calles cuyo trazado se halla interrumpido por el Tercer Deposito de Aguas y por el Cementerio de San Martín. Lleva el nombre del monarca leones, sucesor de su hermano Alfonso IV, en el año 930. Fue el primer príncipe cristiano que que conquistó a Madrid del poder sarraceno; pero no pudo sostener su triunfo por carecer de gentes y de recursos para ello, y la dejó otra vez abandonada a los moros".
Pero vamos a ver como era la situación de la España cristiana. En León reinaba su padre, Ordoño II. Ramiro nace en la ciudad portuguesa de Viseo hacia el año 900. Su niñez está marcada por los siguientes acontecimientos. En el 917 los leoneses vencen a Abderraman III en San Esteban de Gormaz. Un año más tarde se pierde parte de la Rioja, Arnedo y Calahorra, que son conquistadas por los Banu Qasi. En el 920, en la batalla de Valdejunquera, las tropas aliadas cristianas son derrotadas por los musulmanes, los obispos de Salamanca y de Tuy son hechos prisioneros. Al año siguiente muere su madre Munia Elvira. Un año más tarde, su padre se casa con Aragonta, el matrimonio no fue bien y al poco tiempo la reina consorte es repudiada. En 1923 se vuelve a casar con Sancha de Navarra, hija del rey Navarro Sancho I Garcés. Mediante esta alianza se recupera casi toda la Rioja a los sarracenos. En 924 muere su padre y el trono es ocupado por su hermano Fruela II, desplazando a los hijos de Ordoño II.
En el 925 tras un gobierno impopular y efímero muere de lepra Fruela II, provocando un problema sucesorio.
Por la hegemonía del trono luchan primos contra primos. Alfonso Froilaz, hijo de Fruela II, cuenta con el apoyo de los nobles asturianos; los hijos de Ordoño II, Sancho, Alfonso y Ramiro son respaldados por los nobles gallegos-portugueses y leoneses, contando también con el apoyo de Sancho I, rey de Navarra. De esta guerra fratricida, se proclaman vencedores los hijos de Ordoño II, que dividen el reino de León en tres reinos independientes.
Alfonso se proclama rey de León. En Galicia reinará Sancho. Ramiro se proclama rey de la zona comprendida entre los rios Miño y Mondego con la capital en Viseu
El rey Sancho de Galicia muere y este territorio se une con el de Ramiro II.
Al poco tiempo en el 931 muere su cuñada, su hermano Alfonso IV, cae enfermo de melancolía y se retira como monje al monasterio de
Sahagún, cediendo sus derechos a Ramiro II. Ramiro II marcha hacia Zamora con el objeto de formar un ejercito para socorrer al rey moro de Toledo, que le había pedido ayuda contra Abderraman III. Mientras tanto, Alfonso, inadaptado a la vida monacal, cuelga los hábitos y se subleva contra su hermano Ramiro. Se proclama, nuevamente, rey de León en Simancas y se traslada a León para recuperar el resto del reino. Ramiro II se entera de las intenciones de su hermano y manda tropa al mando de su cuñado Flaín Díaz, quien aborta rápidamente la rebelión. Detiene a su hermano, y tras sacarle los ojos, le hace encerrar en el monasterio de San Julián de Ruiforco. Sus primos y a la cabeza Alfonso Froilaz, aprovechan la situación para hacerse proclamar heredero del trono de León. Ramiro se muestra inflexible y enérgico, persigue a sus primos hasta Oviedo, donde les derrota, sufriendo la misma suerte que Alfonso.
Estos problemas impidieron una ayuda correcta al rey moro de Toledo. El pequeño cuerpo de ejército castellano-leonés mandado, había sido
desmantelado en las mismas puertas toledanas sin inquietar a los
musulmanes sitiadores.
Ramiro II comienza una razzia, atacando a Talavera de la Reina y después la fortaleza de Magerit, la que es defendida fuertemente y al caer la guarnición fue pasada a cuchillo haciendo cautivos al resto de los pobladores.
La reacción de Abderramán no se hizo esperar y desde Medinaceli, el ejercito omeya, sitia Osma y San Esteban de Gormaz. Ramiro II acude al sitio de San Esteban de Gormaz consiguiendo levantar el asedio. Con la misma intención y con las tropas castellanas de Fernán González acuden a Osma, derrotando al ejercito de Abderramán.
al año siguiente en el 934 vuelven las tropas moras al mismo territorio, pero Ramiro II elude la batalla y se encierra en los muros de Osma.
El ejercito de Abderramán devasta Castilla, entra en Burgos y en San Pedro de Cardeña, pasa a cuchillo a los monjes. El ejercito marcha sobre Navarra con el propósito de someter al reino y hacerle vasallo. A la vuelta el ejercito leones y castellano le salen al paso y los derrotan en las puertas de Osma.
En los años sucesivos hay un periodo de calma interrumpido por las incursiones de castigo.
En el año 937 el gobernador de Zaragoza se declara vasallo del leones y le pide tropas. Por la proximidad Navarra envía a sus soldados.
Abderraman responde enviando tropas a Navarra, ya que este reino era su vasallo, atacando al mismo tiempo a todas las fortalezas zaragozanas y ajusticiando a todo defensor cristiano y Zaragoza vuelve al poder de Abderramán.
En el año 938, Abderraman III, ajusticia al hermano del rey moro de Santarem, en Portugal, y éste cede todas las fortalezas al rey de León.
La respuesta no se hace de rogar y al año siguiente, Abderramán, comienza una gran ofensiva. Salen de Toledo, atraviesan Guadarrama, llegando a Olmedo, arrasando diferentes poblaciones, llegando en julio a Simancas, donde les espera la coalición cristiana y su aliado el emir de de Santarem. El ejercito musulmán es superior en número. La caballería cristiana es superior. La lucha fue encarnizada y duró tres días. Abderramán salió herido y abandonó grandes riquezas. En retirada hacia Córdoba arrasan diferentes ciudades cristianas, Roa, Rubiales. El ejercito moro marcha a castigar a los colonos cristianos de Segovia, que rivalizaban con los musulmanes de Guadalajara. Cumplida su misión marcha hacia Atienza. Los cristianos conocedores del terreno, emboscan a los sarracenos. El ejercito de Abderramán III huye sin concierto. Los cristianos atacan a las huestes en retirada, muriendo el general Nadja junto con los emires de Valencia y Mérida. Abderramán III, en su huida deja valiosos tesoros, una coraza y cota de malla de oro y un Corán que siempre llevaba consigo. La contienda pasa a la historia como la batalla de Alhándega. La zona libre de los peligros de los árabes es repoblada hacia el sur por Ramiro II. Por el oeste el obispo de Oveco repuebla Salamanca, Peñaranda de Bracamonte, Ledesma y Vitigudino. El conde castellano Asur Fernández repuebla Peñafiel y Cuéllar, y le otorga el título de Conde de Monzón. Fernán González, el otro conde castellano, se siente agraviado ya que tal condado tapona su expansión hacia el sur.
Estas discusiones entre los territorios cristianos debilitan al reino de León, lo que es aprovechado por el Califato para realizar razzias de castigo sobre el territorio leones.
Tras la muerte de su heredero y las luchas contra los condes castellanos obliga a firmar la paz con Abderraman, y éste se compromete a no atacar el territorio cristiano, a cambio Ramiro deja en libertad a Muhammad ben Hashin que había sido capturado en la batalla de Simancas.
La paz dura poco tiempo ya que el rey navarro García ataca las fortificaciones musulmanas de la zona de Huesca.
Ramiro decide ayudar a su cuñado, el rey navarro García y envía un ejercito al mando de Fernán González, pero las tropas cristianas son derrotadas en Tudela. Cinco meses más tarde, las tropas del Califato emprenden una razzia contra el Condado de Castilla por su participación en Tudela.
Para incrementar las relaciones con los reinos cristianos peninsulares, en el 943 casa a su hija Teresa con Gacía Sanchez I rey de Pamplona.
Los condes castellanos, Fernán González y el Conde de Saldaña se declaran en rebeldía por lo que son encarcelados por el leonés. La Crónica Najerense lo narra de la siguiente forma:
"Fernán González y Diego Muñoz se levantaron en rebeldía contra el rey don Ramiro, y además le prepararon una guerra. Pero el rey, como era prudente y poderoso, los capturó, y a uno en León y al otro en Gordón los encerró en la cárcel encadenados. Pasado mucho tiempo, dándole al rey juramento y todo lo que tenían salieron de prisión. Entonces Ordoño, el hijo del rey Ramiro, obtuvo en matrimonio a la hija de Fernán González, de nombre Urraca."
Hacia el año 945, Ramiro libera a los condes castellanos, haciéndoles jurar fidelidad a cambio de recobrar sus antiguas posesiones. El pacto se sella con las bodas de el hijo de Ramiro II, el futuro Ordoño III, con la hija de Fernán González, Urraca Fernández.
Sucedieron años de tranquilidad y de paz, interrumpidos por razzias en cualquiera de los reinos.
En el 948 los nobles gallegos se revelan, la revuelta es sofocada inmediatamente, pero los musulmanes aprovechan el momento y una razzia llega hasta Ortigueira.
En el 950 parte a su última aventura, se interna en tierras musulmanas, sitia Talavera y da muerte a 12.000 enemigos y encadena a 7000 cautivos regresando a León.
La respuesta no se hace esperar y Abderramán en una razzia ataca y asola Salamanca.
Ramiro II aquejado de una enfermedad renuncia al trono y se hace cargo de este su hijo Ordoño III, poco después muere Ramiro II.
Estas discusiones entre los territorios cristianos debilitan al reino de León, lo que es aprovechado por el Califato para realizar razzias de castigo sobre el territorio leones.
Tras la muerte de su heredero y las luchas contra los condes castellanos obliga a firmar la paz con Abderraman, y éste se compromete a no atacar el territorio cristiano, a cambio Ramiro deja en libertad a Muhammad ben Hashin que había sido capturado en la batalla de Simancas.
La paz dura poco tiempo ya que el rey navarro García ataca las fortificaciones musulmanas de la zona de Huesca.
Ramiro decide ayudar a su cuñado, el rey navarro García y envía un ejercito al mando de Fernán González, pero las tropas cristianas son derrotadas en Tudela. Cinco meses más tarde, las tropas del Califato emprenden una razzia contra el Condado de Castilla por su participación en Tudela.
Para incrementar las relaciones con los reinos cristianos peninsulares, en el 943 casa a su hija Teresa con Gacía Sanchez I rey de Pamplona.
Los condes castellanos, Fernán González y el Conde de Saldaña se declaran en rebeldía por lo que son encarcelados por el leonés. La Crónica Najerense lo narra de la siguiente forma:
"Fernán González y Diego Muñoz se levantaron en rebeldía contra el rey don Ramiro, y además le prepararon una guerra. Pero el rey, como era prudente y poderoso, los capturó, y a uno en León y al otro en Gordón los encerró en la cárcel encadenados. Pasado mucho tiempo, dándole al rey juramento y todo lo que tenían salieron de prisión. Entonces Ordoño, el hijo del rey Ramiro, obtuvo en matrimonio a la hija de Fernán González, de nombre Urraca."
Hacia el año 945, Ramiro libera a los condes castellanos, haciéndoles jurar fidelidad a cambio de recobrar sus antiguas posesiones. El pacto se sella con las bodas de el hijo de Ramiro II, el futuro Ordoño III, con la hija de Fernán González, Urraca Fernández.
Sucedieron años de tranquilidad y de paz, interrumpidos por razzias en cualquiera de los reinos.
En el 948 los nobles gallegos se revelan, la revuelta es sofocada inmediatamente, pero los musulmanes aprovechan el momento y una razzia llega hasta Ortigueira.
En el 950 parte a su última aventura, se interna en tierras musulmanas, sitia Talavera y da muerte a 12.000 enemigos y encadena a 7000 cautivos regresando a León.
La respuesta no se hace esperar y Abderramán en una razzia ataca y asola Salamanca.
Ramiro II aquejado de una enfermedad renuncia al trono y se hace cargo de este su hijo Ordoño III, poco después muere Ramiro II.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






